El primer objetivo de la alimentación, es el de proporcionar la energía y los nutrientes necesarios para conseguir un funcionamiento adecuado del organismo, sin excesos ni deficiencias.
La alimentación saludable tiene que ser: variada, equilibrada, suficiente y agradable. Aparte de esta función primaria o básica, la alimentación es también una importante fuente de placer, y el acto y circunstancias de comer, agrupados alrededor de la mesa, facilita la convivencia, una forma de expresar sentimientos, tradiciones y cultura, aspectos muy importantes que se deben tener en cuenta paralelamente a los nutricionales.
Las necesidades o los requerimientos nutricionales varían a lo largo de la vida. Los períodos que acostumbran a presentar requerimientos más elevados corresponden a las épocas de crecimiento - como la infancia y la adolescencia -; también durante el embarazo y el período de lactancia.
Los requerimientos energéticos y nutricionales dependen de variables como: la edad, el sexo, la altura, la actividad física, la estructura corporal, etc.
En términos nutricionales, la energia se mide en calorías o en kilocalorías (1000 calorías).
Los organismos vivos necesitan energía para el desarrollo de sus funciones.
En el caso del ser humano, la energía la obtenemos de las sustancias nutritivas o nutrientes contenidos en los alimentos, hidratos de carbono (4 Kcal/gr), proteínas (4 Kcal/gr), y grasas (9 Kcal/gr).
Frente a la oferta de su entorno, el individuo selecciona aquellos alimentos que tienen que configurar su dieta. La elección, el transporte y la manipulación de estos alimentos hasta su ingestión, constituye el proceso de alimentación. La alimentación se define entonces como un proceso voluntario y educable. Los primeros años de nuestra vida son decisivos en el aprendizaje de unos buenos hábitos y en la adquisición de una conducta alimentaria saludable.